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OZONO

EFECTO BACTERICIDA

 

Es bien conocido desde principios de siglo, donde se empezó a usar para el tratamiento de agua. Actualmente nos servimos de él, tanto para el tratamiento de todo tipo de aguas como para tratar ambientes e incluso directamente sobre el organismo humano con fines terapéuticos.

 

Una de las ventajas más importantes del ozono, con respecto a otros bactericidas es que este efecto se pone de manifiesto a bajas concentraciones (0,01 ppm. O menos) y durante periodos de exposición muy cortos. Incluso a concentraciones ínfimas de ozono.

 

Es ya perfectamente observable un efecto bacteriostático. La diferencia entre un efecto bactericida y un efecto bacteriostático es sencilla: un agente bactericida es aquél capaz de matar a las bacterias. Sin embargo, un agente bacteriostático no llega a matarlas, pero si les impide reproducirse, frenando rápidamente el crecimiento de sus poblaciones. Aunque teóricamente sean efectos muy distintos, en la práctica, una población de bacterias sin capacidad de reproducción o con capacidad disminuida para la misma, es una población condenada a su desaparición. De hecho, agentes antimicrobianos tan importantes como algunos antibióticos basan su poder en una acción bacteriostática.


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